Historia de concientización

Mi trabajo es importante porque de él depende en gran parte el bienestar de mi familia. Soy electricista con muchos años de experiencia, me las sé todas... Aunque tal vez no, todas. Hace algunos días, tuve la oportunidad de recordar el valor de la vida. Después de esa experiencia, me cuido más y me he dado cuenta de las múltiples oportunidades de ser feliz que me da la vida. El día específico que cambió mi visión, llegué a mi trabajo, un tanto malhumorado por los problemas de tránsito. Ese día tenía que hacer una instalación muy sencilla, facilita.

Siempre me había molestado la insistencia del jefe en que utilizara el equipo protector todo el tiempo. Pensaba que era ridículo ponerse el traje y seguir las instrucciones de seguridad para hacer hasta el más sencillo trabajo. Como muchos de mis colegas, creía que eran exageraciones de las empresas que se las llevaban de aplicar prácticas de seguridad industrial y ocupacional. “Eso lo harán en Europa o Estados Unidos, pero no aquí, comentábamos con mis compañeros”.

Pues bien, de mala gana, de puse el equipo de protección e inicie mi trabajo. ¡Créanme! No sé cómo, aún no me lo explico, recibí una descarga. Algo que siempre pensé que les sucedía a otros por descuidados, pero no, a mí. Fue una experiencia terrible. Pensé que todo se había acabado y empecé a ver la tristeza de mi familia y a preguntarme quién velaría por su seguridad. ¿Quién las protegería?
Por suerte: ¡El equipo hizo su trabajo! ¡Me protegió y protegió a mi familia! Por eso puedo contarles mi historia. Créanme, las medidas de seguridad no protegen únicamente al trabajador, protegen a muchas personas que dependen de él económica o afectivamente. Después de todo, no eran “cuentos” los de mi jefe, me salvó la vida.